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Friday, August 05, 2011

Los judíos de New York comentan el nuevo cine argentino

Un semanario judío de New York, llamado precisamente The Jewish Week, publica esta semana un comentario sobre películas argentinas que se exhibirán en el festival de Cine Latino de Manhattan en los próximos días. Me pareció interesante y lo posteo aquí. Traducido por un servidor.

El Festival Latinbeat destaca el papel de los judíos en el Nuevo Cine Argentino.
por George Robinson. Especial para The Jewish Week
Este año el Festival de Cine Latinbeat nos recuerda que los cineastas judíos han estado en el corazón del Nuevo Cine Argentino en sus casi dos décadas de existencia. Entre las cinco nuevas películas argentinas que se verán en el Festival, que comienza el 10 de agosto, están Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, y Sin retorno, dirigida por Miguel Cohan. Se puede agregar sus nombres a una lista de los veteranos del Festival donde ya figuran Martín Rejtman, Daniel Burman y Diego Lerman, entre otros. (Incluyamos a Daniel Hendler, un actor conocido por sus papeles principales en varias de las películas de Burman, que debuta como director con Norberto apenas tarde, filmada en el Uruguay, y también programada en el Festival.)
Aunque es prácticamente imposible precisar las características comunes de un concepto tan vasto como "nuevo cine argentino", una de ellas es un cierto humor seco y estrafalario. El novelista Alberto Laiseca, que escribió la historia de Querida, se refiere a su propio estilo como "realismo delirante", una frase que ciertamente se aplica a esta película.
Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo comienza con un vendedor ambulante en el Marruecos medieval (Eusebio Poncela), que es golpeado dos veces por un rayo y, como consecuencia, muere y resucita con extraños poderes, como la inmortalidad.
Momentos más tarde lo vemos como un irónico extranjero, con su remera Polo color rosa  y una mochila, en un cafetín de mala muerte donde se encuentra con Ernesto (Emilio Disi), un fracasado de 63 años de edad y le ofrece la oportunidad de ganarse un millón de dólares. Todo lo que tiene que hacer es retroceder en el tiempo a un período anterior de su vida y revivir su pasado.
Este cuento irónico y extraño se relata con una mezcla de tonos mordientes y profanos ayudados por los gruñidos y el ceño fruncido de Poncela (que parece el hermano mayor de Ted Levine), y la actitud de pobre infeliz de Disi (en el estilo de Wile E. Coyote), cuyo personaje trata  de reinventarse a sí mismo pero fracasa miserablemente. Cohn y Duprat, cuya anterior película, El hombre de al lado, fue un éxito en el Festival de Sundance del año pasado, tratan este material con un sutil, misántropo sarcasmo. El resultado es agrio  y muy divertido, una especie de Kafka a los porrazos en un tono que es sin lugar a dudas heredero del humor judío post-Segunda Guerra Mundial (incluyendo una metáfora sobre los campos de concentración).
Recientemente el cine argentino ha producido excelentes películas de suspenso con un trasfondo moral. Sin retorno, de Miguel Cohan, encaja muy bien en ese grupo. Teniendo en cuenta que Cohan, para quien esta película es su ópera prima como director -trabajó como asistente del veterano director Miguel Piñeyro en Plata quemada y El método-  su elección de género no es de extrañar. La sorpresa es la seguridad con que Cohan maneja una estructura narrativa muy compleja,  con varias tramas que convergen, literalmente, en un accidente fatal.
Es una colisión que involucra a un estudiante de ingeniería y a su mejor amigo, un humorista, ventrílocuo y un ciclista, artista del tatuaje.
Para cuando la película termina sus vidas han sido destruidas, sus familias han sufrido un trauma permanente y su visión de la sociedad argentina ha cambiado para siempre. Cohan hábilmente mezcla tomas largas con cortes rápidos, à la Hitchcock (y la música de Fernando Pardo recuerda lo mejor de  Bernard Herrmann),  para crear un retrato de una sociedad en la que el egoísmo, la codicia y la corrupción prevalecen sobre la justicia. La ira que subyace a esta visión impide que la película se convierta simplemente en otro thriller. Al mismo tiempo, las preocupaciones profundamente humanistas del realizador -que culminan en una devastadora última toma yuxtapuesta al título de la película– elevan a Sin retorno muy por encima de lo común y corriente. Otra vez  Kafka,  pero sin los porrazos, si se quiere.
La 12 ª edición del Festival de Cine Latinbeat, organizado por la Sociedad Cinematográfica del Lincoln Center, presentará cuatro estrenos para USA (incluyendo "Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo"). Comienza el Miércoles 10 de agosto en el Walter Reade Theater (165 W. San 65a). Para más información ir a www.filmlinc.com.

1 comment:

Fernando said...

Me pa que Hendler es uruguayo.

Saludos