No sólo es de destacar que el más importante diario de los Estados Unidos haya publicado este editorial (el domingo 12) sino un hecho absolutamente inusual: lo publicó en inglés y en español. Y, por tanto, este es el texto tal cual lo tradujeron en el periódico. Para ser totalmente fiel, he publicado aquí también la foto que lo acompañó.
Tiempo de Acabar el Embargo de Cuba
By EL COMITÉ EDITORIAL
SundayReview | Editorial
Cuando mira un
mapa del mundo, el Presidente Obama debe sentir angustia al contemplar el
lamentable estado de las relaciones bilaterales que su administración ha
intentado reparar. Sería sensato que el líder estadounidense reflexione
seriamente sobre Cuba, donde un giro de política podría representar un gran
triunfo para su gobierno.
Por primera vez
en más de medio siglo, cambios en la opinión pública estadounidense y una serie
de reformas en Cuba, han hecho que sea políticamente viable reanudar relaciones
diplomáticas y acabar con un embargo insensato. El régimen de los Castro ha
usado dicho embargo para excusar sus fallas y ha mantenido a su pueblo bastante
aislado del resto del mundo. Obama debe aprovechar la oportunidad para darle
fin a una larga era de enemistad, y ayudar a un pueblo que ha sufrido
enormemente desde que Washington cortó relaciones diplomáticas en 1961, dos
años después de que Fidel Castro llegó al poder.
En años
recientes, el deplorable estado de su economía ha obligado a Cuba a implementar
reformas. El proceso se ha vuelto más urgente a raíz de la crisis financiera en
Venezuela, dado que Caracas le proporciona petróleo subsidiado. Con el temor de
que Venezuela tenga que recortar su ayuda, líderes en la isla han tomado pasos
importantes para liberalizar y diversificar una economía que históricamente ha
tenido controles rígidos.
Al mismo tiempo,
el gobierno cubano ha comenzado a permitir que sus ciudadanos se empleen en el
sector privado y que vendan propiedades como automóviles y casas. En marzo, la
Asamblea Nacional de Cuba pasó una ley con el fin de atraer inversión
extranjera. Con capital brasileño, Cuba está construyendo un puerto marítimo,
un enorme proyecto que solo será económicamente viable si se suspenden las
sanciones estadounidenses. En abril, diplomáticos cubanos comenzaron a negociar
los términos de un tratado de cooperación que esperan firmar con la Unión
Europea. Han asistido a las primeras reuniones preparados, ansiosos y
conscientes de que los europeos van a pedir mayores reformas y libertades
ciudadanas.
El gobierno
autoritario sigue acosando disidentes, quienes frecuentemente son detenidos por
períodos cortos. La Habana no ha explicado la sospechosa muerte del activista
político Oswaldo Payá. Pero en años recientes el gobierno ha liberado a la
mayoría de los presos políticos que llevaban años tras las rejas.
El año pasado se
flexibilizaron las restricciones de viaje para los cubanos, lo cual permitió
que disidentes prominentes viajaran al exterior. En la actualidad, existe un
ambiente de mayor tolerancia para aquellos que critican a sus líderes en la
isla, pero muchos aún temen las repercusiones de hablar francamente y exigir
mayores derechos.
El proceso de las
reformas ha sido lento y ha habido reveses. Pero en conjunto, estos cambios
demuestran que Cuba se está preparando para una era post-embargo. El gobierno
afirma que reanudaría con gusto las relaciones diplomáticas con Estados Unidos
sin condiciones previas.
Como primer paso,
la Casa Blanca debe retirar a Cuba de la lista que mantiene el Departamento de
Estado para penalizar países que respaldan grupos terroristas. Actualmente, las
únicas otras naciones en la lista son Sudán, Irán y Siria. Cuba fue incluida en
1982 por su apoyo a movimientos rebeldes en América Latina, aunque ese tipo de
vínculos ya no existen. Actualmente, el gobierno estadounidense reconoce que La
Habana está jugando un papel constructivo en el proceso de paz de Colombia,
sirviendo de anfitrión para los diálogos entre el gobierno colombiano y líderes
de la guerrilla.
Las sanciones por
parte de Estados Unidos a la isla comenzaron en 1961 con el objetivo de
expulsar a Fidel Castro del poder. A través de los años, varios líderes
estadounidenses han concluido que el embargo ha sido un fracaso. A pesar de
eso, cualquier iniciativa para eliminarlo ha traído consigo el riesgo de
enfurecer a miembros del exilio cubano, un grupo electoral que ha sido decisivo
en los comicios nacionales. Sin embargo la generación de cubanos que defienden
el embargo está desapareciendo. Miembros de las nuevas generaciones tienen
distintos puntos de vista, y muchos sienten que el embargo ha sido
contraproducente para fomentar un cambio político. Según una reciente encuesta,
el 52 porciento de norteamericanos de origen cubano en Miami piensan que se
debe terminar el embargo. Una amplia mayoría quiere que los países vuelvan a
tener relaciones diplomáticas, una posición que comparte el electorado
norteamericano en general.
Cuba y Estados
Unidos tienen sedes diplomáticas en sus capitales, conocidas como secciones de
interés, que desempeñan las funciones de una embajada. Sin embargo, los
diplomáticos estadounidenses tienen pocas oportunidades de salir de la capital
para interactuar con el pueblo cubano y su acceso a los dirigentes de la isla
es muy limitado.
En 2009, la
administración Obama tomó una serie de pasos importantes para flexibilizar el
embargo, facilitando el envío de remesas a la isla y autorizando a un mayor
número de cubanos radicados en Estados Unidos a viajar a la isla. También creó
planes que permitirían ampliar el acceso a telefonía celular e internet en la
isla. Aún así, sería posible hacer más. Por ejemplo, se podría eliminar los
límites a las remesas, autorizar mecanismos de inversión en las nuevas
microempresas cubanas y expandir las oportunidades para norteamericanos que
deseen viajar a la isla.
Washington podría
hacer más para respaldar a las empresas norteamericanas que tienen interés en
desarrollar el sector de telecomunicaciones en Cuba. Pocas se han atrevido por
temor a las posibles repercusiones legales y políticas.
De no hacerlo,
Estados Unidos estaría cediendo el mercado cubano a sus rivales. Los
presidentes de China y Rusia viajaron a Cuba en julio con miras a ampliar
vínculos.
Reanudar
relaciones diplomáticas, para lo cual la Casa Blanca no necesita respaldo del
Congreso, le permitiría a Estados Unidos ampliar áreas de cooperación en las
cuales las dos naciones ya trabajan conjuntamente. Estas incluyen la regulación
de flujos migratorios, operaciones marítimas e iniciativas de seguridad de
infraestructura petrolera en el Caribe. El nivel y envergadura de la relación
podría crecer significativamente, dándole a Washington más herramientas para
respaldar reformas democráticas. Es factible que ayude a frenar una nueva ola
migratoria de cubanos desesperanzados que están viajando a Estados Unidos en
balsas.
Una relación más
saludable podría ayudar a resolver el caso de Alan Gross, un experto en
desarrollo que lleva casi cinco años detenido en la isla. Más aún, crearía
nuevas oportunidades para fortalecer la sociedad civil, con lo cual
gradualmente se disminuiría el control que ejerce el estado sobre la vida de
los cubanos. Si bien la Casa Blanca puede tomar ciertos pasos unilateralmente,
desmantelar el embargo requeriría una acción legislativa en Washington.
En abril, varios
líderes del hemisferio se reunirán en Ciudad de Panamá con motivo de la séptima
Cumbre de las Américas. Varios gobiernos de América Latina insistieron en
invitar a Cuba, rompiendo así con la tradición de excluir a la isla por
exigencia de Washington.
Dada la cantidad
de crisis a nivel mundial, es posible que la Casa Blanca considere que darle un
giro sustancial a su política respecto a Cuba no es una prioridad. Sin embargo,
un acercamiento con la isla más poblada del Caribe que incentive el desbloqueo
del potencial de los ciudadanos de una de las sociedades más educadas del
hemisferio, podría representar un importante legado para la administración.
También ayudaría a mejorar las relaciones de Estados Unidos con varios países
de América Latina y a impulsar iniciativas regionales que han sufrido como
consecuencia del antagonismo entre Washington y La Habana.
Aún así, a raíz
de la invitación a Cuba a la cumbre, la Casa Blanca no ha confirmado si Obama
asistirá.
Tiene que
hacerlo. Sería importante que hiciera presencia y lo considerara como una
oportunidad para desencadenar un logro histórico.
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Una calle de La Habana en 2011 |
© by The New York Times.