En recientes semanas -y a raíz de
los acontecimientos en Ucrania y adyacencias- he leído comentarios en
algunos blogs que expresan el temor de que estemos asistiendo a los
prolegómenos de un estallido bélico muy grave. Se inspiran en la
semejanza que encuentran entre esos sucesos con los acontecimientos que
precedieron al estallido de la primera guerra mundial en 1914. Desde el
principio no participé de esos temores y así lo expresé en varios
comentarios en esos otros blogs.
Uno de ellos,
en el blog de Juan Salinas, motivó una airada respuesta de "Anónimo"
(ya se sabe que es un comentarista múltiple), concebido en términos
bastante originales que, confieso, no termino de entender del todo:
"Marmaduke: en vez de opinar como gatillo facil de pata negro bonaerense
te recomiendo que leas uno de los clasicos sobre la primera guerra
mundial: Los cañones de agosto de Barbara W. Tuchman. Te vas a ver
reflejado en la gilada que en ese entonces opinaba igualito a vos".
No
creo que tenga sentido aclararle a don Anónimo que sí he leído el libro
de Barbara Tuchman y algunos otros más también. Pero sigo pensando lo
mismo: no estamos en vísperas de la Tercera Guerra Mundial. El artículo
que sigue, que he encontrado hoy en el
website de Bloomberg, escrito por Leonid Bershinsky, sólo sirve para fortalecer mi opinión, con perdón de Anónimo.
COMO PUTIN HIZO UN TRATO GANADOR CON CHINA
por Leonid Bershinsky
El
presidente ruso, Vladimir Putin, ha logrado lo que los líderes
occidentales temían: ha cerrado un trato importante a largo plazo para
suministrar gas natural a China, un pivote hacia el Este que hace a
Rusia mucho menos vulnerable a las sanciones que Occidente podría
imponerle.
El contrato se estuvo preparando por 10 años, sobre todo
porque las partes regateaban sin descanso sobre el precio. Los
parámetros del acuerdo fueron develados por Alexey Miller, consejero
delegado de la productora de gas -casi monopolio- de Rusia, Gazprom, y
sugieren que el precio final será de alrededor de U$S10 por millón de
BTU (unidades térmicas británicas). Eso es menos de lo que Rusia hubiese
deseado, pero es el precio que tiene sentido para China. Los datos
sugieren que el precio medio ponderado de gas de Myanmar, Turkmenistán y
Uzbekistán llegó a alrededor de 10,14 dólares el año pasado. Este año
Gazprom espera exportar a un precio promedio de 10,62 dólares por millón
de BTU, pero los consumidores tradicionales de Europa están tratando de
negociar una rebaja.
Fundamentalmente, el acuerdo abre un mercado
nuevo e importante si los europeos tratan de cortar su dependencia de
los suministros de gas ruso, como han amenazado. China se ha
comprometido a importar 38 mil millones de metros cúbicos por año, más
que el total de sus importaciones en 2013 (27,7 mil millones de metros
cúbicos) y alrededor del 20 por ciento de lo que exportó Rusia el año
pasado. Fácilmente China podría aumentar sus compras. Actualmente
obtiene dos tercios de su energía a partir del carbón y por razones
ambientales está dispuesto a sustituirlo por gas. Sus importaciones
actuales de gas son una gota en el océano comparado con el tamaño del
mercado potencial.
Otros dos puntos: 1) es probable que China ayudará
a financiar la enorme inversión en infraestructura -estimada en más de
30 mil millones dólares– que Rusia necesitará para mantener su parte del
trato y 2) China probablemente pagará en renminbi, lo que hace que el
acuerdo quede a salvo de las posibles sanciones occidentales.Una
declaración conjunta firmada simultáneamente con el acuerdo suena como
un pacto anti-occidental. Haciéndose eco de la posición de Rusia sobre
la crisis de Ucrania, contiene esta invectiva apenas velada contra las
políticas de Estados Unidos y de la UE:
Las partes hacen hincapié
en la necesidad de respetar el patrimonio histórico de las naciones,
sus tradiciones culturales y la elección soberana de su régimen
sociopolítico, su sistema de valores y su ruta de desarrollo, (su
derecho) a contrarrestar la interferencia de otros países en sus asuntos
internos y de rechazar tanto el lenguaje de las sanciones unilaterales
como la organización o la ayuda para la financiación de actividades
dirigidas a cambiar el sistema constitucional de otro país o de
encasillarlo en una unión o bloque multilateral.
Junto con una serie
de contratos y acuerdos menores, esto es todo lo que Putin podría haber
deseado. China, al parecer, no ve ningún inconveniente en el
fortalecimiento de su asociación con Rusia. Se asegura una fuente
confiable de la energía que tanto necesita, se garantiza la calma a lo
largo de una frontera de 2.600 millas y condiciones más favorables para
las empresas que deseen invertir en los vastos recursos naturales de
Rusia. En cuanto a Occidente, que depende de China para producir sus
bienes industriales y para mantener un alto nivel de inversión en su
deuda pública. es poco probable que Beijing sufra las consecuencias
políticas de abrazar a Putin aunque el ruso se convierta en un paria en
las capitales occidentales.
Putin, por su parte, está prácticamente
asegurado de que sale ganador de su aventura en Crimea. La alianza con
China le permite irse, como un cocodrilo saciado, a refugiarse en el
cañaveral. Por el momento ya no tiene hambre y no hay ninguna amenaza
inmediata de aislamiento total. El único problema para él es que ahora
China resulta claramente el socio más fuerte de la alianza. Las
conversaciones en Beijing eran políticamente mucho más importantes para
Putin que por su homólogo chino, Xi Jinping. Si no reconstruye, al menos
parcialmente, su relación con el Oeste, Rusia podría terminar como
satélite de China. Eso, sin embargo, es un problema con el que Putin
puede tratar más adelante.
¿Alguien me puede decir qué significa gatillo fácil de pata negra bonaerense? Porque de ser eso he sido acusado. Gracias.
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