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Wednesday, February 15, 2012

Soy tu nena, esta noche: Whitney Houston, la NFL, y el imperialismo cultural

Lo que sigue no lo escribí yo sino un periodista de estos pagos, Anthony Gancarski. Se publicó en el lugar más improbable, la revista "The American Conservative" (con ese nombre no necesito aclarar la orientación política de esa publicación). Seleccioné y adapté algunos párrafos del artículo, evitando referencias muy localistas que carecen de interés para el lector extranjero. Si su lectura despierta algún interés, mucho agradeceré que dejen un comentario.
Quienes tengan curiosidad por leer el original en inglés lo pueden encontrar aquí:
"Soy tu nena, esta noche"
Whitney Houston, la NFL, y el imperialismo cultural
por A.G. Gancarski
Hace 21 años Whitney Houston grabó lo que iba a ser su último éxito entre los Top Ten: "The Star Spangled Banner" (el Himno Nacional) , en el Raymond James Stadium de Tampa. Su versión llegó al número 1 en las semanas posteriores al Super Bowl: los disc-jockeys  llenaron las ondas con patriótica grandilocuencia para "apoyar a las tropas". Volvió al número 6 justo después de Septiembre 11. Parece ahora que fue hace una vida y eso es literalmente cierto para la propia cantante, que acaba de morir a los 48 años.
En palabras del promotor Jason Lewis, "El talento de Whitney Houston no pudo ser mantenido cautivo en el embalaje corporativo en que envolvieron su música”.  Notables aunque discutibles palabras, en vista de la agresividad con que la comercializaron desde el vamos. Cuando apareció por primera vez en la escena de la música pop, sus fotos publicitarias la mostraban “blanqueada”, en un tono entre durazno y naranja, casi como queriendo disimular que era negra. Sus arreglos eran optimistas, sus remixes incansablemente alegres. Se la oía inocente y juguetona pero en el fondo había una sensación de tensión. Sabíamos que no sería bonita para siempre. Y que sería permanentemente degradada a medida que su carrera cayera  en la final, desagradable coda.
¿Por qué cayó Whitney en el uso de drogas duras? Oportunidad, disponibilidad y asequibilidad. Esa vez que cantó el Himno Nacional se acercaba al cenit de su carrera.. Para bien o para mal, Whitney era la cara de una industria que en gran medida había perdido el contacto con el público. Sus singles-no me pregunten acerca de su álbum- eran más bien chafas, música ideal para caminar por un centro comercial buscando pantalones de moda.
Su interpretación del himno nacional hizo estallar las pizarras de éxitos durante las dos invasiones estadounidenses de Iraq. Pero todos sabíamos lo que pasaba. Pocos años después que su himno encabezara las listas por segunda vez ni la guerra de Irak ni Whitney  iban demasiado bien. Los que vimos los premios Grammy la otra noche sabemos lo rápido que la industria de la música corrió a definirla como una diosa caída.. Cuando se anunció su muerte, chistes sobre su uso de cocaína abundaron en Twitter y Facebook. La gente se apresuró a condenarla hasta que los informes de autopsia dijeron que había muerto de un cóctel letal -pero legal- de Xanax y alcohol,. Una vez que se supo que su muerte la habían ocasionado productos aprobados de las compañías farmacéuticas las bromas cesaron y el encomio comenzó en serio.
A la gente le gustaba criticarla por su adicción. Es irónico, porque Whitney fue convertida en un objeto y una mercancía para satisfacer, precisamente, las adicciones propias de los Estados Unidos: adicción a esas canciones pop “verso / coro / verso”, a esa versión comercial de la sexualidad femenina. Y, en el caso de la interpretación del himno nacional, nuestra adicción a la guerra.
En el periodo previo a las Guerras del Golfo I y II, no mucha gente se detuvo a pensar por qué estábamos defendiendo las prerrogativas de los represivos jeques kuwaitíes. Del mismo modo, el consumidor típico de la música de Whitney Houston no quería pensar muy profundamente en lo que estaba consumiendo o las condiciones en que se fabricaba el producto. Su música "tenía un buen ritmo y se podía bailar con ella." Y eso era suficiente.
Nadie se detuvo a pensar, hasta que sus hits desaparecieron de la radio, sobre cuán trágica fue la vida de Whitney Houston. Del mismo modo, hasta que quedó muy claro que las guerras en Asia traían consecuencias, nadie se preocupaba demasiado por ellas salvo por silenciar a los disidentes y consolidar la narrativa maniquea común a todas las expediciones militares de los Estados Unidos.
Por lo tanto, es apropiado que el último hit de Whitney Houston fuera el himno nacional, que se ha utilizado una y otra vez como un llamado a las armas y a la unidad y como un represor del pensamiento crítico que podría haber detenido el desastre en Irak antes de que fuera demasiado tarde y se produjeran las pérdidas de sangre y dinero que se pusieron al servicio de los objetivos de esa guerra. Su música estaba destinada a no ser pensada muy profundamente. Y cuando su propósito se hubiera agotado Whitney sería olvidada. O se restauraría la imagen de sus tiempos dorados, la que quieren que recordemos quienes la comercializan de manera tan agresiva en la muerte como lo hicieron en vida.
Ya no recordamos por qué grabó el himno nacional. O la matanza para la que fue utilizado –dos veces. Igual que a los deportistas, a las estrellas pop se las utiliza y luego se las da por muertas. Ahí están  para promover la agenda del momento y, no importa cuán importantes hayan parecido, su recuerdo se va desvaneciendo hasta que desaparece completamente.  Pero por ahora, Houston es el último grito en iTunes, y para la industria… para la industria no existe amor más grande.

1 comment:

Unknown said...

sin dudas, un voz privilegiada compañero, una pena su ida.

abrazo grande

Adal